martes, 20 de marzo de 2012

EL YUNQUE



Reproduzco el siguiente artículo de César Uribarri, por su gran interés, porque merece la máxima difusión y porque estoy de acuerdo en su totalidad con él.

Sobre lo que no se conoce es mejor callar. Y hubiera callado si no fuera por lo que refleja la existencia de El Yunque. Es decir, no es tanto mi interés por lo qué sea El Yunque o quienes lo conformen, si no por las razones, circunstancias o condiciones, que han posibilitado su existencia. Porque esas son las preocupantes.


En primer lugar he de reconocer que mi primera impresión sobre esta “organización” fantasma era positiva. “Bien, los masones llevan siglos trabajando en lo oculto para colocar a los suyos y extender su odio a la religión, y ahora hay como una masonería católica, que en lo oculto, quiere extender su amor a la religión colocando a los suyos”. En ambos casos estamos, por tanto, ante una estrategia. Estrategia que ha salido redonda al proyecto masónico -no en vano un porcentaje social elevadísimo, casi diría que el 90%, respira la connaturalidad del ideal masónico: no Dios, no religión, sólo mundo y relativismo moral-, pero cuyos éxitos en el otro campo -el ideal católico- parecen nulos. Estrategia por cuanto se pretende un objetivo y no tanto un modo de vida. Y ese objetivo se logra con el diseño de la actuación piramidal o de estratificación en niveles, de modo que los de abajo ni saben quienes son los de arriba ni cuales son las intenciones últimas de las decisiones que se les trasladan. Son los hechos los que nos ayudan a descubrir las intenciones últimas, o el objetivo pretendido. Y de todo el complejo entramado masónico lo que los hechos muestran es, ante todo, el odio a la Iglesia católica y su intento de acabar con ella. El resto es parte de esa estrategia: como el relativismo moral, el laicismo militante, la persecución a la libertad de conciencia.


En el campo contrario, en el terreno de El Yunque, nos movemos ante el desconocimiento. Por ello quizá sería mejor callar, porque nos faltan elementos de juicio suficientes para percibir el objetivo último de esta organización. Pero como algún medio digital (El Confidencial) está obsesionado en descubrir que hay detrás podemos permitirnos las ficción de asumir como válido lo que se nos cuenta: que el objetivo de El Yunque es extender el reinado de Cristo en el mundo. Y ahí encaja con lo que en un principio me había llegado y que me hacía mirar con simpatía esta organización. Porque si ese es el ideal, me parece maravilloso.


Entonces, ¿El Yunque existe? Salvo que uno pertenezca a esta organización, el resto no tenemos la certeza de su existencia, pero los indicios apuntan a su realidad. Lo que está claro es que no es una cosa de la Iglesia, sino de la libérrima voluntad de quienes lo conforman. Por lo que esas afirmaciones relativas a que “es una bomba que puede explotarle a la Iglesia en un futuro” no tienen más sentido que el aprovechamiento doloso que hagan de esto quienes quieran denigrar a la Iglesia a cualquier precio. Porque la Iglesia como institución ni ampara, ni regula, ni ejerce su control sobre una organización que, amén de oculta, funciona movida por la libre voluntad de quienes la conforman, sin sometimiento a la autoridad de la Iglesia ni a su disciplina.


Hay dos aspectos que me parecen preocupantes de todo esto. Aspectos que no son otros que las causas que llevan al nacimiento de organizaciones de este cariz. La primera, y evidente, es la presión social militantemente anticristianaque invita a organizarse para librarse de tal presión. La segunda, la ausencia de pastores que defiendan las verdades evidentes de la fe hasta el punto de llevar a los fieles a vivir y a organizarse al margen de tales pastores. Es decir, en un entorno violentamente anticristiano (porque la violencia social también lo es psicológica, institucional, legal, vital), el pueblo cristiano se ve zarandeado sin nadie que acuda en su rescate, sin nadie que le mantenga firme en la fe, sin nadie que le ampare de los lobos con piel de oveja. Lógico, entonces, el nacimiento de cauces de defensa y organización. Porque para tal génesis sólo hacen falta esos dos ingredientes y unos hombres con voluntad de acción. Los ingredientes los tenemos a granel, los hombres con voluntad de acción es cuestión de tiempo que las sociedades lo provean. Y por lo que se ve, los ha proveído.


En este sentido El Yunque se presenta como reacción a una presión real fuera y dentro de la Iglesia contra las verdades de la fe. Y si nace como reacción lo importante no es tanto centrarse en lo sintomatológico sino en la enfermedad que lo produce. Es decir, el Yunque nace como reacción en unos tiempos sinceramente oscuros. Y ahí, el juicio de los tiempos que se hace desde el mismo Yunque no desentona, es más, es veraz y completo. Pero la reacción no puede pretender sanar la enfermedad, cuando ella misma es consecuencia de ésta. Y ahí, en mi modestísima opinión, El Yunque se equivoca y puede dejar víctimas desilusionadas y que se sientan utilizadas.


Los hechos recientes de la historia de España muestran lo falaz de tratar de sanar la enfermedad desde dentro. Catolicísimos políticos a lo largo de la historia democrática española so capa de vivir la naturalidad de la fe dentro de los partidos, sin desentonar, para cambiarlos desde dentro, ha mostrado que ni los partidos han cambiado ni la sociedad, precipitándose ambos por el relativismo moral a velocidades de crucero. Luego, y sin entrar en el fondo, la estrategia ha resultado mala no, lo siguiente. Pero parece que El Yunque quiere reiterar la estrategia. Colocar en lo oculto a los suyos para que estos vayan girando la maquinaria social desde sus posiciones. Bien, loable fin. Pero año a año vamos viendo que la estrategia (de nuevo) es infructuosa.


Y es que es este el problema. Los fines sobrenaturales no pueden ser logrados humanamente. El fin pretendido por El Yunque -la instauración del Reino de Cristo en la tierra- es divino, y las armas para su logro deberán ser divinas. Angélicas milicias, celestiales espadas. Generar una estrategia humana para lograr esto está llamado al fracaso y a la perversión. Al fracaso porque entender como objetivo humano una instauración de lo religioso, lleva a cosificar lo espiritual. Y lo espiritual, siendo cierto que exige una plasmación civil, social en la que desarrollarse, exige más aún la encarnación personal en el alma de cada uno. De modo que cuando se hace de lo religioso un objetivo, una estrategia, se está reduciendo lo religioso al plano social, descarnando el hecho religioso del ámbito de lo personal, de lo íntimo, y por ello de lo sagrado. Y una religión así es coja y no cuaja. Amén de que aquellos que siendo atraídos por lo religioso para tal fin, al percibir que su “intimidad espiritual” no es más que puerta de acceso a un objetivo político, pueden quedar heridos al saberse usados en los más íntimo.


Otro factor negativo es que, al quedar fuera de la vigilancia de la Madre Iglesia, el loable objetivo de El Yunque podrá desnaturalizarse en la medida que los líderes (esos hombres con fuerte voluntad de acción) vayan deslizándose hacia fines menos loables. Y como la configuración es piramidal y jerárquica, no habrá forma de poner freno a ésto o de reconducir los ideales. Sin embargo, esos dos elementos que posibilitaron el nacimiento de esta organización pueden ser al mismo tiempo diques contenedores: habiendo presión anticristiana y faltando pastores dignos de su cargo, es probable que el fin loable siga firme justo porque lo que hay en el “otro lado” es lo que se repele.
En este sentido la historia de la Iglesia, de sus santos, muestra que el camino de la instauración del Reino de Cristo es, amén de misterioso, increíblemente respetuoso con la libertad del hombre. El gran edificador de Europa, san Benito, se muestra como figura a tener en cuenta. Construye Europa desde la pública y notoria vivencia al margen de un mundo empeñado en el abismo. Con pequeñas comunidades que libremente eligen el vivir para Dios con las leyes de Dios y una regulación humana tendente a hacer de ellas norma y sentido de la vida. Esos focos sostuvieron un mundo en decadencia y caos. Y lo reedificaron. Justo porque el objetivo no era otro que llegar a Dios es por lo que llegaron al hombre y construyeron Europa.


Ese es el orden. No hay otro. El problema es que hay un mundo que se empeña en renegar de su paz, que no es otra que Dios. Y una Iglesia que parece que ha renegado de construir la ciudad de Dios. Y por todo ello entiendo que surjan organizaciones como el Yunque. Pero me entristece justo por las causas que las hacen nacer.

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