Atención: Si es una persona impresionable o sufre pesadillas o terrores nocturnos, no siga leyendo éste post. Y sobre todo, no mire las fotos
El número de los días del hombre, cuando mucho, son cien años; como una gota de agua en el mar, como un grano de arena, así son sus pocos años a la luz del día de la eternidad. Eclo 18, 8.
Es cosa preciosa a los ojos de Yahvé, la muerte de sus justos. Sal 115, 15
Las almas de los justos están en las manos de Dios, y el tormento no los alcanzará. A los ojos de los necios parecen haber muerto, y su partida es tenida por desdicha. Su salida de entre nosotros, por aniquilamiento; pero están en paz. Pues aunque a los ojos de los hombres fueron atormentados, su esperanza está llena de inmortalidad. Sab 3, 1-4
El daguerrotipo se inventó en 1839, y posibilitó que la clase media pudiera encargar retratos a un coste razonable.
Un uso muy aceptado de éste nuevo invento fue el de obtener una fotografía de los familiares que hubieren muerto.
Con aquellas cámars tan arcaicas, se requerían grandes tiempos de exposición para obtener una buena fotografía. Con lo cual, estar muerto era una ventaja adicional.
Hay que tener en cuenta la gran mortandad infantil que existía en la época en la que se tomaban estas fotografías. La gran mayoría de las familias tenía al menos ocho o diez hijos de los cuales solían fallecer la mitad.
Frecuentemente, se intentaba que la imagen del difunto se asemejara a la de un durmiente, o incluso a la de una persona viva. Podían ser inmortalizados recostados en un sofá, tumbados en la cama, sentados en una silla… Otras veces, aparecían rodeados de sus familiares. En el caso de los bebes, muchos eran retratados en brazos de la madre.
En las fotos post mortem los cadáveres nunca sonríen, debido a la dificultad evidente de conseguir el efecto tras el rigor mortis, de modo que toda la fuerza de la expresión depende de la calidad obtenida en la mirada.
Veamos unos ejemplos:
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